Nº 18. Mayo 2016: Institucionalización de la actividad científica en la universidad: en torno a la Reforma universitaria de 1918*

Elaborado por: Mg. Carlos Ezeiza Pohl. Comité Ontológico. Secretaría de Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional de La Matanza.

Extraído del Capítulo 1

La investigación científica y tecnológica y su institucionalización en la universidad pública en Argentina, tesis de doctorado en sociología de la UCA de Bs. As. (en preparación): “El Programa de incentivos a docentes investigadores y su incidencia en la producción y difusión de conocimiento en una Universidad pública del conurbano bonaerense”.

"Frecuentemente, el movimiento de reforma universitaria de 1918 es asociado al 'año cero' del proceso de modernización institucional de las Universidades argentinas caracterizadas como hasta entonces como profesionalistas en alusión a que la principal preocupación de la institución giraba en torno a la formación de profesionales en aras de salidas laborales lucrativas, descuidando entre otras cosas, la formación integral de los estudiantes, el desarrollo de las actividades científicas, la extensión universitaria y la vinculación con la sociedad”. (1)

En términos de García (2010), es discutible la posición de “hito fundacional” que desde una extensa y nutrida historiografía se le atribuye a la reforma universitaria de 1918, más bien son los protagonistas de la reforma los que, como actores de dicho movimiento, “se proyectaron como la “nueva generación” defensora de una serie de valores y jerarquías de saberes, presentados como inconmensurables con la tradición precedente” tal como lo manifiestan Vásquez (2000); Portantiero (1978); y Cattaneo y Rodríguez, (2000) (2).

Buchbinder (2010) en su abarcativa obra sobre la historia de las universidades argentinas destina un capítulo entero a la situación, condiciones sociales e impacto que en las instituciones universitarias produjo la reforma universitaria de 1918 (3). Aún a pesar de la extensa y nutrida bibliografía que trata este fenómeno, este autor señala que la mayoría de los investigadores que trataron el tema, coinciden en que la reforma democratizó el gobierno de las instituciones académicas y abrió las posibilidades de los sectores medios de acceder a un título universitario, pero no obstante, existen hoy en día aspectos relevantes que han sido insuficientemente estudiados, como ser: “la nueva relación entre la investigación científica y la universidad, y la generación de una intensa vida política en las casas de altos estudios, la creación de una carrera académica y la conformación de una nueva dirigencia para aquellas, y que sería masivamente desalojada del poder recién a partir de 1943”. (4)

En términos de este autor, gran parte de los protagonistas de la reforma cuestionaban el modelo profesionalista imperante en las universidades creadas hasta entonces, la reacción contra el profesionalismo traía aparejado un profundo cuestionamiento a la estructura y orientación general del sistema educativo acusado de asumir una tendencia netamente utilitarista.

Aparecería, posterior a la reforma, una simultánea transformación de la Universidad en un centro de investigación científica a la par del ámbito de formación profesional. Dicha transformación iba a operarse en diferentes vías o modos:

  • En primer lugar se esperaba que en el cuerpo de profesores primase el “espíritu científico”. Esto significaba que el profesor debía ser, en forma simultánea, un enseñante y un investigador. (5) Una creciente preocupación por los antecedentes específicamente científicos expresados a partir de las publicaciones, trabajos inéditos o participaciones en eventos académicos y congresos animó gran parte de los debates en el Consejo Superior y en los consejos directivos a la hora de designar a los profesores suplentes y conformar las ternas para nombrar a los titulares. En algunos casos, a los criterios relativos a la idoneidad de los postulantes en función de sus antecedentes profesionales y docentes, pasaron a contraponerse los derivados de su trayectoria como científico e investigador. Uno de los debates más interesantes en este sentido fue el que culminó con la designación de Bernardo Houssay en el primer lugar de la terna para designar a un profesor titular de Fisiología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Quienes argumentaban a favor de la postulación en primer término de Houssay, entre los que se encontraba el mismo decano de la Facultad, sostenían que los profesores titulares debían ser seleccionados en los círculos de los verdaderos investigadores. La fundamentación del primer lugar en la terna para quien sería distinguido años más tarde con el Premio Nobel de Medicina se efectivizó finalmente sobre la base de sus antecedentes como investigador evidenciados a partir de sus trabajos científicos y publicaciones. (6)

Así, el intento de modificar el perfil del profesorado otorgando prioridad a la investigación obligó a contratar docentes extranjeros con el fin de desarrollar investigaciones en su área disciplinar de competencia y formar núcleos de investigadores. (7) En particular, la Universidad de Buenos Aires requirió de los servicios en el año 1921 de Julio Rey Pastor (8) para el dictado de cursos y organización de un doctorado en Ciencias Físico-Matemáticas, y en el año 1927, Amado Alonso, reconocido lingüista español, se hizo cargo de formar investigadores en filología hispánica en la Facultad de Filosofía y Letras. En coincidencia con el viaje y residencia de especialistas extranjeros en la Argentina en dicha época las universidades comenzaron a enviar sistemáticamente a sus mejores graduados a perfeccionarse en el extranjero mediante becas especiales, y en el presupuesto universitario se incrementaron los fondos destinados a publicaciones científicas, becas y seminarios.

Referencias

  • Buchbinder, P. (2010). Historia de las Universidades argentinas. Buenos Aires: Sudamericana.
  • García, S.V. (2010). Enseñanza científica y cultura académica: La Universidad de La Plata y las Ciencias Naturales (1900-1930). 1ra edición. Rosario: Prohistoria Ediciones.
  • Kreimer, P. (2010). Institucionalización de la ciencia argentina: dimensiones internacionales y relaciones centro-periferia, en: Intérpretes e interpretaciones de la Argentina en el Bicentenario. Editorial de la Universidad Nacional de Quilmes, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Notas aclaratorias

  1. García (2010, p. 14)
  2. Citados en García (2010): Vasquez, Karina (2000). Intelectuales y política: la ‘nueva generación’ en los primeros años de la Reforma Universitaria, en Prismas, Nro. 4, pp. 59-75; Portantiero, Juan Carlos. Estudiantes y política en América Latina. México: Siglo XIX; Cattaneo, Liliana y Rodriguez, Fernando Diego (2000). Ariel exasperado: avatares de la Reforma Universitaria en los años veinte, en Prismas, Nro. 4, pp. 47.
  3. Buchbinder (2010). Capítulo 6: Cogobierno, investigación científica, extensión y corporaciones profesionales: La Universidad reformista entre 1918 y 1943, p. 109.
  4. Buchbinder, ob.cit. p. 109.
  5. Encontramos pues aquí la génesis del concepto docente-investigador que recorrerá la organización institucional de buena parte de las actividades científicas desarrolladas en las Universidades nacionales en el siglo XX y continuaría en el presente siglo (Nota del autor).
  6. “Por aquel entonces, Houssay era ya un científico prestigioso que, en 1917, había abandonado la práctica de su profesión para dedicarse en forma exclusiva a la investigación. Presentaba trabajos regularmente en congresos, era miembro de diversas sociedades científicas y, en el momento que se produjeron los debates mencionados, contaba ya con más de cien publicaciones en revistas de circulación internacional.” (Buchbinder, ob.cit., p. 124).
  7. Kreimer (2010) ha establecido que en la institucionalización de la ciencia argentina pueden reconocerse una primera etapa (1870-1920) denominada: Internacionalización fundadora: de las ciencias coloniales a las “Ciencias nacionales”, cuyos rasgos principales son: institucionalización de nuevos campos científicos, visita de sabios europeos (más tarde según las disciplinas también algunos estadounidenses). También este mismo autor reconoce en el período que comprende desde 1920 hasta 1960 una segunda etapa de internacionalización de la ciencia argentina denominada: Internacionalización liberal, primera fase. Colaboraciones con el centro, cuyos rasgos principales son: líderes locales y científicos “bricoleurs”: negociaciones individuales de las agendas de investigación con los equipos “centrales” y sobre temas “mainstream”. (Kreimer, 2010).
  8. Prestigioso matemático español, en ese entonces profesor de la Universidad Central de Madrid (Buchbinder, ob.cit., p. 124).

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